Ninguno estamos exentos de experimentar la crudeza del “campo de batalla” en el que se convierte muchas veces la vida. Situaciones que nos desbordan, que muestran nuestras flaquezas, que nos hacen pensar que vamos a caer en un hoyo del que no vamos a salir y que vivimos con gran angustia y/o ansiedad. Es más, quizá estés en medio de una de estas batallas en estos momentos.
1ªR.8:44-45. “Señor, cuando saques a tu pueblo para combatir a sus enemigos, sea donde sea, si el pueblo ora a ti y dirige la mirada hacia la ciudad que has escogido, hacia el templo que he construido en tu honor, oye tú desde el cielo su oración y su súplica, y defiende su causa.”
Uno de los grandes handicaps que tenemos en estas situaciones es el modo en que las miramos. Suele ser muy común enfocarnos en lo que está “delante de nuestros ojos”, que suele ser la cara más negativa de la situación.
Mirar con perspectiva: el autodistanciamiento.
Viktor Frankl fue un psicólogo judío de mitad del siglo pasado el cuál experimentó los horrores de estar en un campo de concentración nazi. Frankl observó la diferencia que había entre los presos que sobrevivían anímica y físicamente en esas circunstancias y los que no, y una de las características que pudo observar fue que aquellos que se mantenían más fuertes solían tener la capacidad de mirar las circunstancias con perspectiva, lo que él llamó el autodistanciamiento. El autodistanciamiento es la acción mental de salirse de uno mismo y de las circunstancias que te rodean para ver lo que está ocurriendo desde una óptica más amplia y a partir de ahí actuar. ¿Te suena el dicho de que muchas veces “los árboles no nos dejan ver el bosque”?
Este es un principio universal que han puesto en práctica los grandes hombres y mujeres que no se han amedrentado frente a las batallas de la vida, que han querido “ir a más” sean cuales sean sus circunstancias. Es un principio que está al alcance de todos, sólo hay que ponerlo en práctica para ver sus resultados.
La mirada con perspectiva perfecta.
El mismo rey Salomón ya lo tenía más que asumido cuando, en su oración pidiendo el favor de Dios en cualquier circunstancia, mencionó, como una condición para recibir este favor, no sólo el orar a Dios sino el dirigir la mirada hacia la ciudad santa y su templo. Salomón tenía muy clara la importancia de reenfocar la mirada cuando se está en una batalla, no nos podemos quedar mirando al “enemigo” (al problema que nos está desbordando). El mirar con una perspectiva más elevada siempre nos dará una visión más clara y realista de las circunstancias, no importa si eres creyente en Dios o no, es un principio universal sobre cómo funciona la mente humana.
Ahora bien, Salomón tenía el secreto de la “mirada con perspectiva perfecta”. No es sólo la mirada que se desenfoca puntualmente de la batalla (que ya de por sí es positivo) sino el que esa perspectiva sea eterna, que el mirar la situación sea desde la perspectiva de Dios como Padre perfecto y protector que desea lo mejor para sus hijos.
Si no has tenido la posibilidad de experimentar a Dios como ese Padre amoroso y protector que desea lo mejor para ti, ¿crees que valdría la pena indagar más sobre él? Si aprendes a mirar la vida y sus luchas con perspectiva será uno de los mejores hábitos que podrás adquirir ligado a tu crecimiento personal pero, si además te permites experimentar el mirar las circunstancias desde la perspectiva de la eternidad, con toda seguridad descubrirás un camino de vida que te seducirá para siempre.
Nuestros mejores deseos de bendición de Dios para tu vida.
Jonathan Secanella
Iglesia El Buen Pastor de Castellón