Seleccionar página

Declaración de FE

La declaración de fe, que debe ser aceptada por todos los miembros de esta comunidad es la siguiente:

A. LAS SAGRADAS ESCRITURAS

Creemos que las Sagradas Escrituras en sus 66 libros (Antiguo y NuevoTestamento), en sus documentos originales, son inspiradas Divinamente en su totalidad, sin error, dignas de toda confianza y constituyen nuestra norma suprema de autoridad en todo lo concerniente a nuestra fe y conducta.

B. DIOS

Creemos que hay un solo Dios verdadero, vivo, personal, eterno, perfecto en justicia y santidad, infinito en poder, sabiduría y bondad, el cual es hacedor y sustentador de todo cuanto existe.

Creemos que en la unidad de la divinidad, existen tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Los cuales son iguales en esencia, atributos y gloria.

DIOS PADRE

Creemos que el Padre es coeterno con el Hijo y el Espíritu Santo, y se llama Padre a la primera persona de la Trinidad para expresar su relación con el Hijo (Ef. 3:14-15; Jn. 1:14, 18; 8:54; 14:12-13) existente desde toda la eternidad y procediendo de ambos el Espíritu Santo.

DIOS HIJO

Creemos que Jesucristo es Dios manifestado en carne. En El concurren dos naturalezas: la divina, con todos sus atributos, y la humana, ausente de la naturaleza del pecado. Ambas naturalezas constituyen una sola persona indivisible. Creemos en su nacimiento virginal, su vida sin pecado, sus milagros, su muerte vicaria y expiatoria, su resurrección corporal, su ascensión, su obra de mediación, que dio dones a los hombres y constituyó apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, y en su segunda venida personal en poder y gloria.

DIOS ESPIRlTU SANTO

Creemos que la persona Divina del Espíritu Santo, regenera al pecador y santifica al creyente, en el cual mora, como prenda y garantía de su salvación eterna, para fortalecerlo, consolarlo y conducirlo en una vida de obediencia a Dios. Creemos asimismo, que el Espíritu Santo enriquece a la Iglesia con dones espirituales, le da unidad y la guía en el cumplimiento de la
misión que le fue encomendada por Cristo.

 

C. EL HOMBRE

Creemos que el hombre es un ser creado por Dios a su imagen y semejanza. Compuesto de cuerpo, alma y espíritu (1ª Tes. 5:23) Constituyendo un ser viviente sin fin de existencia. El pecado ha causado en el ser humano una alteración y una degeneración en su naturaleza y en su relación con su Creador. En consecuencia, por naturaleza, es pecador, y está condenado eternamente a la separación de Dios. Solamente por la gracia de Dios puede ser salvado en virtud de la obra de Cristo a su favor, previo arrepentimiento por la fe en El.

D. LA SALVAClÓN

En su estado de degeneración, el hombre es incapaz por sí mismo de recobrar su dignidad, por ello Dios, le ofrece la única posibilidad de salvación y regeneración a través del sacrificio de Jesucristo en la cruz. Esta salvación se opera cuando el ser humano reconoce su condición ante Dios, se arrepiente de su pecado y acepta la obra expiatoria de Cristo como sustitutoria de su salvación, recibiendo en ese momento el sello y bautismo del Espíritu Santo.

Creemos que la evidencia de la salvación se manifiesta en la persona a través del fruto del Espíritu Santo (Gal. 5:22-25) en una vida de santificación progresiva.

E. LA IGLESIA

Creemos que todos los redimidos constituyen la Iglesia de Cristo y son miembros del cuerpo cuya cabeza es El. La Iglesia local, es una comunidad de creyentes en Cristo, bautizados según la normativa del Nuevo Testamento y que se reúnen en un lugar determinado con fines cristianos.

En cuanto a las ordenanzas, se practican las dos establecidas por el Señor Jesucristo:

1. El Bautismo, símbolo de nuestra muerte al pecado y resurrección a nueva vida con
Cristo y que se manifiesta públicamente para testimonio de la fe personal. Se efectúa por inmersión en agua, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

2. La Santa Cena instituida por Jesucristo para recordar su muerte y anunciar su segunda venida. Debe celebrarse con pan y vino o mosto de uva como símbolos del cuerpo y de la sangre de Cristo. La celebramos habitualmente cada primer y tercer Domingo del mes.